“Cuando mi psiquiatra intentó abusar sexualmente de mí me refugié en la bebida”

THRibune | Alcoholicos Anonimos

Cristina A. relata sus años de lucha contra el alcoholismo, la soledad y la incomprensión

Gracias a la Asociación de Ex -Alcohólicos Españoles consiguió dejar el consumo y su vida es hoy plena y feliz

Daniel Leguina.   Madrid 13/03/2015

Años de sufrimiento en silencio, de arrastrar los problemas sin ser capaz de hacerles frente, de no reconocer los errores ni los aciertos y de sentirse inútil y frágil ante los seres queridos y la sociedad en general. Este es el cuadro emocional que la ex alcohólica Cristina A. vivió y sufrió, con un intento de por medio de abuso sexual por parte de su propio psiquiatra, hasta que hace algo más de dos años consiguió, de una vez por todas, alejarse de la bebida y comenzar una nueva vida. Concretamente el 26 de enero de 2013, día que puede ser perfectamente el de su segundo nacimiento.

Pero no fue fácil. La impotencia y el sentimiento de abandono eran demasiado fuertes para luchar ella sola contra viento y marea, y la indefensión un obstáculo insalvable que sólo el alcohol era capaz de evadir. El intento de su psiquiatra, en el 2008, de abusar sexualmente de ella fue una bomba emocional que no pudo gestionar adecuadamente, y entró de lleno en una espiral de autodestrucción que la dejó sola e indefensa.

En lugar de denunciarlo empecé a beber después de un periodo de abstinencia, y a partir de ahí cada vez que tenía una situación emocional brusca me refugiaba en la bebida. Llegué a pensar que estaba loca. Llevaba ocho años confiándole mi vida y cuando intentó abusar de mí me enfadé muchísimo conmigo por no saber reaccionar. Aquel día, hasta pagué la consulta”, recuerda Cristina.

Por otro lado, y como las desgracias nunca vienen solas, Cristina volvió con su marido, del que se había divorciado tiempo antes, y empezó a beber a diario. Quizás el no poder afrontar la soledad, quizás la necesidad de sentirse valorada y querida, quizás la ilusión por recuperar una vida anterior, el caso es que restablecer la relación con su ex fue la gota que colmó el vaso de la desesperación.

Tenía la autoestima por los suelos –rememora Cristina-, no quería vivir ni afrontar mis problemas. No era consciente de lo que me pasaba y quería huir de la realidad diaria. Todo eran pensamientos negativos, sobre todo hacia mi ex, me sentía engañada y estafada por él. A él le convenía que yo bebiera, me manipulaba”.

Cristina reconoce que se equivocó: “Al volver a dejar entrar a mi ex marido en mi vida fui en picado. No supe afrontar los problemas. Los dos últimos años de consumo fueron mortales, con un deterioro absoluto, bebía a diario y no quería saber nada de nadie”.

Y en ese desbarajuste emocional llegó otro episodio complicado, aunque fue el que le hizo tocar fondo definitivamente y abrir los ojos de una vez. “Me di cuenta que tenía un problema de alcoholismo una noche que me lié con un hombre al que yo siempre había criticado y despreciado porque le consideraba un borracho. En ese momento fui consciente de mi situación. La mayoría de las mujeres beben en casa y de forma solitaria, a escondidas, pero yo también me bajaba al bar, me daba igual todo, buscaba la compañía de quien fuera para beber”, comenta.

A partir de aquí, después de una caída en picado de años de angustia y padecimiento, llegó la recuperación, la luz al final del túnel, la esperanza y el cambio. Todo lo que de alguna manera había soñado pero que por sí misma nunca había podido conseguir. A través de un especialista al que le mandó su hermana, Cristina conoció la Asociación de Ex-Alcohólicos Españoles, un colectivo sin ánimo de lucro en el que personas con problemas de consumo se ayudan mutuamente para salir del agujero de la bebida.

El sistema es sencillo y huele a apoyo y compañerismo. Se trata de unas reuniones en las que con el simple hecho de ir a contar tus problemas los propios compañeros te aconsejan cómo afrontarlos de una manera tranquila y sin sobresaltos y, sobre todo, sin tener que recurrir a la bebida. Así de simple, pero funciona. La asociación está llena de ejemplos de personas que llevan años sin beber gracias a este tipo de terapia donde el respeto y el cariño son la base de la recuperación, algo que las personas con muchos años de alcoholismo habían perdido por el camino.

Mi vida ahora es totalmente diferente, pero el proceso es lento: hay que cambiar los hábitos, las amistades. Soy feliz, afronto los problemas que me van surgiendo, y lo voy consiguiendo gracias a un trabajo diario. Recibo la ayuda de mis compañeros y he aprendido a controlar las emociones, vengo casi todos los días”, cuenta Cristina.

Esta mujer de 55 años, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología y con dos hijos, reconoce que el alcoholismo “es una enfermedad emocional y en la asociación aprendemos a controlar las emociones. Los alcohólicos somos mentirosos e impulsivos. Las emociones más complicadas para mí son la impulsividad, la soledad y la incomprensión”.

Mi enfermedad me impidió ser feliz durante mucho tiempo, y tardé mucho en reconocer que soy alcohólica. Pero ahora soy capaz de poner pausas en mi vida y tomar decisiones por mí misma, y alejarme de las personas que no me convienen; he aprendido a pensar en mí y respetarme”, afirma Cristina.

Cuando Cristina mira al pasado, admite que “el daño que le hice a mis hijos es lo que más me duele; mi hija me miraba con cara de asco y me repudiaba. Ellos sufrieron de lleno mi enfermedad”. Sin embargo, “ahora me miran y me dicen que he cambiado mucho y que estoy mucho más guapa, que parezco otra, que tengo otra cara”.

Como consejos más importantes, Cristina recomienda asistir a los grupos con mucha regularidad durante el primer año de sobriedad y no pensar demasiado, “pero sí hablar mucho y contar lo que te pasa por dentro, aunque creas que es una tontería; no tomar grandes decisiones y no tener estímulos fuertes. Es duro salir pero es posible dejar de beber y cambiar”.

En la asociación no damos órdenes, sólo consejos. La mayoría de los que permanecen dejan la bebida. Las sugerencias que a mí me dieron al principio ahora yo las comparto con los que llevan menos tiempo. Es bonito ayudar a otros, igual que ellos me ayudan a mí. Aquí he aprendido a ser humilde y he permitido a los demás que me conozcan. Esta terapia no le vendría mal a la mayoría de la gente”, sostiene Cristina.

La organización cuenta con unos 3.000 miembros en la Comunidad de Madrid y tiene reuniones entre semana de 20 a 21.30 horas y sábados y domingos de 12 a 13.30. También hay grupos de terapia para los familiares, que en su mayoría son co-dependientes de los alcohólicos, y mixtos, de familias y alcohólicos juntos.