Empoderando a las mujeres, empoderando la humanidad

THRibune | 8 de marzo

Julia Álvarez Herráez

La 104 edición del día Internacional de la Mujer. Cada ocho de marzo, el mundo se centra en la importancia de aquellos que luchan por el avance de las mujeres. En palabras de la periodista americana Gloria Steinem, “la historia del esfuerzo que realizan las mujeres por la igualdad no pertenece a una sola feminista ni a una sola organización, sino a los esfuerzos colectivos de todos aquellos comprometidos con los derechos de las mujeres”. El día ocho de marzo, por lo tanto, debe ser un recordatorio del trabajo que queda por hacer.

Las estadísticas muestran las mujeres tienen menos oportunidades de trabajo que los hombre. Es más, solo una minoría alcanza altas posiciones debido al denominado techo de cristal, la barrera invisible que impide que las minorías y a las mujeres suban a los peldaños más altos de la escalera corporativa, a pesar de sus cualificaciones o logros.

En todo el mundo, sólo el 16% de los miembros de consejos de las más grandes empresas son mujeres, 3% en el caso de presidentes, y sólo el 32% de todos los ingenieros y científicos es mujer. El 22% de las mujeres están o desempleadas o sobre cualificadas para su trabajo actual.

Además, las mujeres ganan, de media, un 16% menos por hora que los hombres, y un 31% al año. Como consecuencia, el 25% de las mujeres mayores de sesenta y cinco años en la Unión Europea están en riesgo de pobreza o exclusión social, en contraste al 17% en el caso de los hombres. Por último, solo el 65% de mujeres con hijos menores de doce años tienen trabajo, en oposición al 89% en el caso de los hombres.

Algo parecido ocurre en el campo de la política. De hecho, la composición actual del Parlamento Europeo muestra un gran desequilibrio en la proporción entre eurodiputados y eurodiputadas. De media, menos de uno por cada cuatro miembros de cada Estado miembro en el Parlamento es mujer. Estas cifras y las que describen las condiciones generales de las mujeres en el mercado laboral están en gran contraste con el hecho de que el 60% de estudiantes graduados son mujeres.

Semejantes desigualdades no solo violan los derechos fundamentales, sino que tienen un impacto directo en la sociedad entera.

Estudios recientes en este asunto demuestran que reparar estos desajustes de género en el Mercado laboral impulsaría crecimiento económico; y una igualdad total resultaría en un incremento del PIB per cápita en Europa del 12.4%. Parece claro, por lo tanto, que “la igualdad de las mujeres es progreso para todos” tal y como el lema de Naciones Unidas para el Día de Internacional de la Mujer 2014 decía, en línea con su campaña de HeForShe -“él por ella” en español, que apostaba por el compromiso de los hombre en la lucha por la igualdad de género-. El de este año es “empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad – imagínalo!”.

Estas cifras reflejan un problema mucho más profundo. Demostrado por la existencia de violencia de género y estereotipos sexistas en educación y cultura, la discriminación se da más allá de la esfera del trabajo y de la toma de decisiones políticas: está presente en toda la sociedad. La evidencia pone de manifiesto que urge un cambio en la mentalidad.

Para muchas mujeres, es extremadamente difícil conciliar su trabajo y vida privada, dado que aún tienden a asumir la mayor parte de las responsabilidades familiares; en muchos casos, con niños y ancianos que dependen casi exclusivamente de ellas. Como resultado, más de seis millones de mujeres en la Unión Europea denuncian que no pueden trabajar a tiempo completo debido a “compromisos familiares”, de acuerdo con la Comisión Europea. Las mujeres con trabajos a media jornada representan, de hecho, el 23% de todas las mujeres empleadas, mientras sólo el 8% de hombres trabajadores se encuentra en tal situación.

Este problema se conoce como doble barrera, y no solo afecta a las propias mujeres, sino también a los hijos de una sociedad ya gravemente envejecida. Para prevenir ésto, existen políticas para facilitar el equilibrio entre trabajo y vida privada –como la posibilidad de volver al trabajo tras una baja de maternidad- que deben ser revisadas y mejoradas.

Un último asunto clave en cuestiones de igualdad de género y regeneración económica es el emprendedurismo femenino. En la actualidad, sólo el 33% de los emprendedores es mujer, debido a dificultades como horarios laborales e inseguridad financiera. Para mejorar esta cuota, el espíritu emprendedor entre las mujeres tiene que impulsarse mediante la educación, programas de entrenamiento y ejemplos a seguir. Hacer que pasen de ser una excepción a ser algo cotidiano debe ser el compromiso de todos, una ambición común en igualdad de género.