Esmeralda Grao

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Sé que estas palabras van a ser interpretadas por la derecha a su favor y por la izquierda a su contra. Nada más lejano de mi intención.

Se habla estos días mucho de derechos de autor, de derechos laborales, derecho a la educación, derecho a la sanidad, derecho a una vida digna, a una muerte digna… Y se ponen gritos en el vuelo, que no en el cielo porque, de momento, no hay certeza de que haya algo más que ese lienzo azul que nos empeñamos en cruzar de rastros blancos y ruidos antinaturales, en nombre de no sé qué democracia.

Yo ya no entiendo de que va ésto de vivir si no es para dejarnos la piel en ello. Tenemos DERECHOS, ¡¡¡claro!!!

Para mí de estos derechos es:

Derecho a una salida honrosa. Libertad absoluta para llorar nuestras penas mientras tomamos limonada en una terraza a la sombra. O valentía e imaginación para materializar lo que soñamos.
Si quieres un mundo mejor, sé mejor persona tú primero.
Si quieres trabajo empieza por trabajarte a ti mismo cada día en las pequeñas cosas compartidas dentro del círculo de tu familia y de tus amigos. Una palabra amable, un abrazo inesperado y gratis, una mirada de complicidad o de comprensión y sobre todo, pico y pala.

Pico y pala, una artista de pico y pala me llamó un día mi querida y admirada Ana Rosa Quintana. Después de hacer un disco homenaje a mi poeta y paisano Miguel Hernandez sin prácticamente apoyos durante año y medio. En cuerpo y alma, en la salud y en la enfermedad y ya separados por su muerte.

Se hace camino al andar… Decía el poeta Machado. Y el poeta Hernández, que vive un verdadero resurgir de su filosofía y de su patente ética, iba más lejos y escribía (os animo a prestar especial atención al fragmento COMO LA NECESITA CADA HOMBRE): Nací hace veintiséis años. He tenido una experiencia del campo y sus trabajos, penosa, dura, como la necesita cada hombre, cuidando a golpes de hacha olmos y chopos, me he defendido del hambre, de los amos, de las lluvias y de estos veranos levantinos inhumanos de ardientes. La poesía (la música en mi caso) es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí , como sentí mi condición de hombre (mujer en mi caso) y como hombre (como mujer en mi caso) la conllevo, procurando a cada paso dignificarme a través de sus martillerazos. Me he metido con toda ella dentro de esta tremenda España popular (“Orihuela, su pueblo y el mío”), de la que no sé si he salido nunca. En la guerra la esgrimo como un arma, y en la paz será un arma también aunque reposada. Vivo para exaltar los valores puros del pueblo, y a su lado estoy tan dispuesto a vivir como a morir.
Miguel Hernández.