“La prostitución en España se ha convertido en trata de seres humanos y esclavitud sexual”

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Rocío Nieto, presidenta de APRAMP, ha conseguido sacar a más de 3.000 mujeres de las garras del proxenetismo

Pone en marcha talleres y colabora con la Policía para luchar contra esta grave lacra social y desarticular redes organizadas

Daniel Leguina     Madrid 07/04/15

Rocío Nieto no para ni un segundo. Atiende llamadas, comenta incidencias con sus colaboradoras, recibe visitas y habla y hace indicaciones a las ex prostitutas que trabajan en la oficina-taller que esta enérgica mujer dirige en la calle Ballesta, número 9, de Madrid, en pleno barrio rojo de la capital, una zona con prostitución las 24 horas del día y con todo lo que esto acarrea: conflictos con la Policía, consumo y tráfico de drogas, protestas vecinales…

La palabra rendición no entra en su vocabulario, y desde hace 32 años está al frente, contra viento y marea, de APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), organización pionera en intervención en prostitución que ha conseguido salvar a más de 3.000 mujeres de las garras del proxenetismo en todo este tiempo.

Rocío explica que el perfil de la prostitución ha cambiado mucho en los últimos tiempos: “Antes eran amas de casa que se prostituían de forma puntual, luego pasaron a ser toxicómanas, y desde hace unos trece años la mayoría son inmigrantes enviadas a España por bandas organizadas que les quitan el pasaporte y las utilizan para enriquecerse; esto ya no es prostitución, es trata de seres humanos. Está todo perfectamente organizado: las traen de sus países de origen con falsas promesas de una vida mejor y las obligan a prostituirse en pisos o en clubes donde las tiene vigiladas y encerradas. Son esclavas sexuales”.

APRAMP cuenta con la infraestructura necesaria para la lucha contra la prostitución y las condiciones adecuadas para que estas mujeres comiencen una nueva vida. Por un lado, la asociación ofrece unos talleres textiles y de habilidades sociales para que recuperen su autoestima; y por otro, las propias ex prostitutas colaboran con la Policía para sacar del infierno a sus antiguas compañeras.

Tenemos un centro de acogida en la calle Jardines, con una trabajadora social y una psicóloga donde se les hace una primera valoración y se les explica qué van a recibir de nosotros pero también cuáles son sus obligaciones a partir de ahora; si acceden, se les conduce a un piso donde se duchan y comen, y nos ponemos en contacto con la Policía para que las interroguen e investiguen la red de la que proceden. De esta forma hemos conseguido desarticular varias redes de prostitución”, cuenta Rocío.

Desde la asociación atienden y forman a unas 280 mujeres al día: les dan preservativos y les informan que tienen la posibilidad de ser reconocidas por un médico y a que se normalice su situación en el país: “Son personas con derechos humanos universales como todo el mundo”, aclara Rocío.

Nuestro objetivo es ayudar a esas mujeres que quieren salir de ese mundo y no pueden: prostitución es una cosa, y esclavitud sexual otra muy distinta. Existen mujeres que se prostituyen porque quieren, por ejemplo las de alto standing. Para recuperar el pasaporte están obligadas a pagar un dinero mensualmente, y pueden pasar años hasta que el proxeneta se lo devuelve. Además, las amenazan con hacerles daño a sus familias. Muchas quieren dejar la prostitución, pero lo que más les preocupa es enviar dinero a sus familias, así que gracias a los talleres se forman para conseguir un empleo”, afirma Rocío.

Según esta valiente mujer, “la prostitución es un problema muy grave que en la sociedad española está normalizado, y se debe al machismo cultural que ve a la mujer como un objeto. Es la propia sociedad la que pone a estas mujeres en una situación de indefensión y exclusión. Por ejemplo, cuando van a buscar un trabajo su pasado como prostitutas les cierra muchas puertas ya que la gente piensa que les pueden contagiar alguna enfermedad, a pesar de ser personas muy válidas. En España existe una doble moral, ya que son muchos los clientes sexuales que luego las rechazan en el día a día”.

Para la prevención de esta lacra social, Rocío explica que desde APRAMP colaboran en la formación de agentes de Policía en las comisarías y en la Academia de Ávila “para que se den cuenta que estas mujeres son víctimas y cómo llegan a prostituirse, y se sensibilicen y conciencien antes este grave problema social”.