Miguel Lorente

THRibune | Voces Amigas | Miguel Lorente

Los Derechos Humanos necesitan una tribuna, no sólo a los Tribunales para defenderlos o reparar las consecuencias de su quiebra.

Cuando los Derechos Humanos se pronuncian más en los Tribunales que en la calle significa que la sociedad aún no es verdaderamente libre, cuando la igualdad se ve como un ataque a quienes viven bajo los privilegios de la desigualdad, y cuando el ser humano vuelve a quedar encerrado en la casilla del color de su piel, del país de origen, de su creencia, sexo, orientación sexual…  quiere decir que la realidad no es un accidente y que todo forma parte de un diseño interesado construido a partir de la limitación de derechos en determinadas personas.

Nadie tiene más derechos que nadie, y si hay personas que tienen ciertos privilegios por su condición es porque le han restado derechos a otras jugando con las referencias que la cultura ha introducido para hacer de esa situación parte de la normalidad. Es así de sencillo: si hay alguien que se beneficia de la desigualdad es porque hay otras personas que viven sometidas por ella, si un grupo tiene ventajas partiendo de una injusticia es porque hay otro oprimido por la injusticia, si hay quien dispone de privilegios de una libertad fuera de los límites de la convivencia, es porque hay quien vive recluido y sin libertad… Y todo esto que parece el relato de épocas pasadas, forma parte del presente y aparece en todos los ámbitos.

Recurrir a los Tribunales para solventar las cuestiones sobre la quiebra de los Derechos Humanos demuestra el fracaso, al menos inicial, de la sociedad, pues ya se habrá cometido la injusticia. Necesitamos tribunas como la que hoy se inicia con “THRibune”, una “tribuna de tribunas”, pues somos cada uno de nosotros, cada una de nosotras, quienes debemos de actuar como si fuésemos un lugar privilegiado para defender y exigir en voz muy alta el cumplimiento de los Derechos Humanos.

Felicidades a THRibune y a su presidenta Cruz Sánchez de Lara por la iniciativa y por hacernos partícipes.