Sofia Ardanza / Madrid

Nadie nace con instrucciones sobre como superar las grandes pruebas que nos da la vida, nadie nos dice lo dura y pesada que puede llegar a ser, nacemos y vivimos.

Ayer por la tarde acudí a la proyección benéfica de la cinta “Rising Nepal”, en la que, cuatro supervivientes del terremoto que sacudió Nepal el 25 de abril de 2015, nos cuentan su historia de superación de la tragedia y de esperanza para el futuro.
Una cinta conmovedora, que plantea muchísimas preguntas que no tienen respuesta, y que ayuda a reflexionar sobre lo que de verdad importa. ¿Por qué a ellos? ¿Por qué tanto sufrimiento? No podemos explicar este tipo de sucesos, pero es aquí donde entran las religiones, donde muchas personas encontramos la respuesta y la esperanza de que las cosas mejoran, de que todo pasa por algo, y de la necesidad de confiar.

La cinta se centra en la capital de Nepal, Kathmandú, y un pueblo desaparecido tras el terremoto, Langtang. Sin embargo, podemos escuchar historias parecidas, como las de estos cuatro supervivientes, a lo largo de todo el país, y en otros tantos lugares que han sufrido las consecuencias de una catástrofe natural (Como por ejemplo, Ecuador y Sumatra). El documental dirigido por Miguel Ángel Tobías, plasma el sufrimiento de un marido y de unos hijos al perder a una madre; el miedo de una anciana viuda que ha perdido su hogar en la montaña, y se conforma con su casa de bambú, pasando frío por las noches y esperando a su reconstrucción; la superación de dos hermanos ciegos, víctimas del terremoto, en un país donde ser ciego no es nada fácil, y la fuerza de una joven de 16 años, cursando cocina, para poder conseguir un trabajo y así mantener a su hermana pequeña. Cada una de las víctimas del terremoto, que aparecen en la cinta, nos dan una lección de valentía, de amor y de solidaridad.

Así, más de mil personas nos pueden contar su historia, la pérdida de seres queridos, del hogar, el trabajo, los estudios, etc, y aun así, todos ellos tienen la esperanza de un futuro mejor, de que, como creen los budistas, y muchas otras religiones, siendo buena persona se puede ser feliz.

Fueron registradas más de 8.000 mil muertes y más de 14.000 heridos, así mismo no podemos olvidarnos de las millones de personas que fueron obligadas a desplazarse.
En este escenario de tragedia, es donde el ser humano muestra realmente su solidaridad, capacidad que ninguna otra especie tiene. Dar sin esperar nada a cambio. Como bien escuché ayer, hoy eres tú, mañana soy yo; es decir, toca a los que pueden ayudar a los que no pueden, pues quizá mañana los que podían necesitan ayuda también. Ayudar no sólo supone una aportación económica a las víctimas, existen muchas formas de ayudar, como escucharlas, apoyarlas, estar ahí para ellas, unirnos con aquéllos que nos necesitan.

La solidaridad, al fin y al cabo, es una de las bases de la sociedad humana, que pasa desapercibida en una sociedad vacía y egoísta, donde nuestros problemas no nos dejan ver el sufrimiento de los demás. Abramos los ojos para ver, para poder extender nuestra mano, pues al final, cuando damos es cuando más recibimos.