Rising Nepal THRibune

Sofia Ardanza / Madrid

Nadie nace con instrucciones sobre como superar las grandes pruebas que nos da la vida, nadie nos dice lo dura y pesada que puede llegar a ser, nacemos y vivimos.

Ayer por la tarde acudí a la proyección benéfica de la cinta “Rising Nepal”, en la que, cuatro supervivientes del terremoto que sacudió Nepal el 25 de abril de 2015, nos cuentan su historia de superación de la tragedia y de esperanza para el futuro.
Una cinta conmovedora, que plantea muchísimas preguntas que no tienen respuesta, y que ayuda a reflexionar sobre lo que de verdad importa. ¿Por qué a ellos? ¿Por qué tanto sufrimiento? No podemos explicar este tipo de sucesos, pero es aquí donde entran las religiones, donde muchas personas encontramos la respuesta y la esperanza de que las cosas mejoran, de que todo pasa por algo, y de la necesidad de confiar.

La cinta se centra en la capital de Nepal, Kathmandú, y un pueblo desaparecido tras el terremoto, Langtang. Sin embargo, podemos escuchar historias parecidas, como las de estos cuatro supervivientes, a lo largo de todo el país, y en otros tantos lugares que han sufrido las consecuencias de una catástrofe natural (Como por ejemplo, Ecuador y Sumatra). El documental dirigido por Miguel Ángel Tobías, plasma el sufrimiento de un marido y de unos hijos al perder a una madre; el miedo de una anciana viuda que ha perdido su hogar en la montaña, y se conforma con su casa de bambú, pasando frío por las noches y esperando a su reconstrucción; la superación de dos hermanos ciegos, víctimas del terremoto, en un país donde ser ciego no es nada fácil, y la fuerza de una joven de 16 años, cursando cocina, para poder conseguir un trabajo y así mantener a su hermana pequeña. Cada una de las víctimas del terremoto, que aparecen en la cinta, nos dan una lección de valentía, de amor y de solidaridad.

Así, más de mil personas nos pueden contar su historia, la pérdida de seres queridos, del hogar, el trabajo, los estudios, etc, y aun así, todos ellos tienen la esperanza de un futuro mejor, de que, como creen los budistas, y muchas otras religiones, siendo buena persona se puede ser feliz.

Fueron registradas más de 8.000 mil muertes y más de 14.000 heridos, así mismo no podemos olvidarnos de las millones de personas que fueron obligadas a desplazarse.
En este escenario de tragedia, es donde el ser humano muestra realmente su solidaridad, capacidad que ninguna otra especie tiene. Dar sin esperar nada a cambio. Como bien escuché ayer, hoy eres tú, mañana soy yo; es decir, toca a los que pueden ayudar a los que no pueden, pues quizá mañana los que podían necesitan ayuda también. Ayudar no sólo supone una aportación económica a las víctimas, existen muchas formas de ayudar, como escucharlas, apoyarlas, estar ahí para ellas, unirnos con aquéllos que nos necesitan.

La solidaridad, al fin y al cabo, es una de las bases de la sociedad humana, que pasa desapercibida en una sociedad vacía y egoísta, donde nuestros problemas no nos dejan ver el sufrimiento de los demás. Abramos los ojos para ver, para poder extender nuestra mano, pues al final, cuando damos es cuando más recibimos.

“Las víctimas de violencia de género son tratadas en ocasiones como sospechosas”

THRibune | Amalia Fdez Doyague

 

Daniel Leguina / Madrid

 

Desde la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Amalia Fernández utiliza todos los recursos que la ley le otorga para luchar por la igualdad de género. Entre los objetivos de la organización que preside desde el pasado año, destaca la promoción de la equidad jurídica entre hombres y mujeres, así como impulsar propuestas para modificar las distintas normativas que atentan contra los derechos de las mujeres.

- ¿Está a favor de regular la prostitución como en Holanda y como piden varios sectores de la sociedad española?

- No, la prostitución no es una profesión, es una forma de violencia y por ello no se puede regular. Si cita usted el caso de Holanda, le diría que su experiencia nos debería llevar a rechazar la regulación, pues es un claro ejemplo de que en dicho país no sólo no ha mejorado la situación de las mujeres que ejercen la prostitución, sino que se han creado las estructuras para que las mafias trabajen legalmente.

- Siendo la prostitución uno de los pilares de la economía sumergida y las mafias en España, ¿si finalmente no se regula qué alternativas existen?

- La vulneración de derechos de una gran parte de la sociedad, que son las mujeres y las niñas, no se pueden valorar en cifras económicas, y mucho menos como una actividad mercantil. Pero llama la atención que cuando desde todos los estamentos nacionales e internacionales se habla de erradicar la violencia contra las mujeres, se esté valorando el hecho de regular una actividad en la que se violan derechos fundamentales y a través de la cual podrán camuflarse a su antojo las mafias. Es una contradicción.

- La presidenta de APRAMP, Rocío Nieto, decía recientemente que la prostitución en España es ya un asunto de esclavitud sexual. ¿Está de acuerdo?

- Evidentemente, esa es la realidad que se pretende regular, no para mejorar las condiciones de las mujeres que ejercen la prostitución sino facilitando a las mafias su trabajo.

- ¿Más allá de las penas a los proxenetas, habría que desmantelar la estructura de la trata de mujeres con fines de explotación sexual para que la lucha sea eficaz?

- Habría que tratar el problema como lo ha hecho, por ejemplo, Suecia, estableciendo medidas contra quien solicita el servicio y por ello penalizando al cliente. En los países que han optado por esa vía, las mafias no se encuentran a gusto y tienen menor presencia.

- La violencia de género no está siendo percibida por los jóvenes como algo malo, según la Federación de Mujeres Jóvenes. ¿Estamos ante un problema de educación y, a la vez, cultural?

- Estamos ante un problema social, la violencia es falta de igualdad y trasciende a todas las esferas; basta con ver los anuncios de televisión para entender el uso que se hace de la mujer: utilizan la violencia para vender un vaquero o un perfume, y esa violencia no es percibida por los jóvenes, sino que les parece atractiva. En estos mismos anuncios vemos que quien conduce el coche es el hombre, y la mujer es la encargada de la limpieza de la casa y, por supuesto, siempre es la que anuncia los alimentos dietéticos. En idéntico sentido vemos la falta de igualdad en la educación: la presencia de la mujer en los textos docentes es inexistente, el lenguaje no es igualitario.

- ¿Cómo se puede conseguir que las víctimas de violencia de género se acerquen y utilicen los recursos que el Estado les brinda?

- Creyendo en ellas. Sólo en los delitos que afectan a las mujeres y las niñas se habla de denuncias falsas y pruebas de credibilidad.

- ¿Pero por qué a tantas mujeres les cuesta denunciar?

- Las víctimas se sienten tratadas en ocasiones como sospechosas, mientras en otros delitos, como por ejemplo en una estafa, la víctima denuncia y su denuncia se tramita. En los delitos de violencia, la mujer que denuncia no sólo siente que el sistema no le cree, sino que además cuando se atreve a denunciar puede encontrarse con que el presunto maltratador la ha denunciado a ella, y cuando por fin cree que va a contarle al juez el calvario que ha sido su vida y que encontrará la tutela judicial efectiva, se encuentra que su posición procesal ha cambiado y que comparece como denunciante y denunciada.

- ¿El abordaje a la violencia de género cuenta con un soporte asistencial suficiente en nuestro país?

- No, la ley integral no ha tenido la dotación que exigía. En este sentido y a pesar del tiempo que ha transcurrido desde su aprobación, seguimos sin unidades de valoración y sin la especialización que la normativa exige en todos los operadores jurídicos, médicos y demás personal.

- ¿Alargar la privación de libertad a pederastas y violadores es una solución?

- Legislar a golpe de suceso nunca resuelve nada.

-¿Cuál es la reforma más urgente que necesita el Código Penal en lo que se refiere a igualdad?

-El Código Penal es la ‘ultima ratio’.

- ¿De qué manera está afectando la crisis a las pensiones de las madres separadas con hijos a su cargo?

- La crisis está sirviendo de base a demandas de modificación de medidas por parte de los progenitores obligados al pago de una pensión, si bien, creo que los jueces de nuestro país han sabido detectar cuándo esta crisis era cierta y cuándo era creada ‘ex post’.

- ¿Qué hace falta para que la lucha contra la corrupción de menores sea más efectiva?

- Un mayor control de la red por policía especializada y por los padres, a la par que formación a los menores en los colegios desde una edad muy temprana.

- ¿Es la cadena perpetua revisable una solución a los delitos de terrorismo?

- Esta medida no responde a una petición social y mucho menos a la realidad social de nuestro país.

“La dictadura marroquí sigue adelante con su genocidio del pueblo saharaui y Francia impide que Naciones Unidas actúe en el conflicto”

THRibune | Sato | Activismo

Daniel Leguina / Julia Álvarez

Enérgico y decidido a no tolerar las injusticias, José Díaz Satorre, ‘Sato Díaz’, lleva diez años luchando desde la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS) para la autodeterminación del pueblo saharaui. El cine como herramienta de concienciación social, las campañas de presión política a los gobiernos y las Naciones Unidas, los viajes periódicos a los territorios ocupados, las caravanas de alimentos o la acogida de niños saharauis en España son algunas de las iniciativas en las que este actor y periodista se deja la piel a diario para que un pueblo “oprimido y olvidado” consiga su objetivo de independencia tras cuarenta años de lucha, con cientos de muertos y desaparecidos por el camino.

-El conflicto del Sáhara tiene varias décadas, pero ¿cómo se lo explicaría en pocas frases a un joven de 18 años?

- El Sáhara Occidental era una provincia española hasta 1975. El anterior rey de España, Juan Carlos I, en un apretón de manos con el entonces rey marroquí, Hassán II, decide que ese territorio debe pasar a manos marroquís. Marruecos comienza una guerra hasta 1991 contra el pueblo saharaui que provoca la escapada de una parte de la población a Argelia, viviendo en el desierto en condiciones durísimas, mientras que otros se quedaron en los territorios ocupados. Marruecos construyó después un muro, el segundo más grande del planeta después de la muralla china, para mantener aislado al Sáhara Occidental, y sembró la zona de minas. Ahora es la zona del mundo con más minas.

-¿Puede la situación del Sáhara Occidental compararse con la de otros territorios que claman por su autodeterminación, como el Kurdistán?

-Ambos son pueblos oprimidos y olvidados, pero la coyuntura política es distinta. El derecho a la autodeterminación está reconocido por las Naciones Unidas, y en este punto se asemejan, como con el pueblo Palestino. La diferencia es que el Sáhara es un territorio no autónomo, mientras que el Kurdistán ocupa territorio de países soberanos. No hay ningún país del mundo que reconozca la condición marroquí del Sáhara, pero sí hay muchos que reconocen que el Sáhara Occidental es de los saharauis.

-Son muchas las personas que apoyan al pueblo saharaui, como observadores internacionales, gente de la cultura, juristas… ¿Qué más se puede hacer?

-España, hoy en día, sigue siendo la potencia administradora del Sáhara Occidental. El proceso de descolonización no se cerró, por lo tanto el Estado español es responsable de garantizar ese proceso. El pacto que hizo España con Marruecos fue ilegal, por lo que Naciones Unidas no lo reconoce. Lo que se puede hacer a día de hoy es no votar a aquellos partidos que ponen los intereses económicos por delante de los derechos humanos. Un cambio de Gobierno en España abriría la posibilidad de que en Naciones Unidas  se debatiera más profundamente este asunto. Cuando Portugal asumió su responsabilidad histórica sobre Timor Oriental inició el proceso por el cual Timor es hoy un Estado independiente. También es importante mantener la ayuda al Frente Polisario, que lleva cuarenta años en la lucha.

-A nivel del Gobierno español, ¿priman más los intereses económicos y los dirigentes miran para otro lado?

-Ningún Gobierno español, ni socialista ni popular, ha hecho nada por solucionar este conflicto, y siempre se han posicionado del lado del monarca marroquí. Marruecos es un Estado dictatorial, mucho más que Venezuela, por ejemplo, que chantajea a España con el envío de inmigrantes ilegales o de terrorismo islámico. España nunca se ha atrevido a afrontar el problema del Sáhara.

-La Unión Europea colabora con ayudas al Sáhara pero a la vez se preocupa en defender los acuerdos mercantiles con Marruecos, como la pesca. ¿Doble moral?

-Por supuesto que existe una doble moral. Los derechos humanos y culturales y la unión de los pueblos es una mentira en la Unión Europea, que sólo está gobernada por los mercados. Marruecos tiene un convenio con la Unión Europea con el mayor rango de afinidad después del que tienen los Estados miembros, cuando es un país que no cumple la normativa de derechos humanos que la propia Unión Europea exige para firmar ese tipo de tratados.

-¿Cuáles son las principales barreras que se encuentra a la hora de ejercer su labor en el Sáhara?

-En la mayoría de los viajes que hacemos, las autoridades marroquíes nos impiden bajarnos del avión, y nos mandan de vuelta a Canarias. El problema de los territorios ocupados es que ni periodistas ni observadores internacionales, ni instituciones relacionadas con Naciones Unidas pueden ir a hacer observaciones independientes para que se cumplan los derechos humanos. Marruecos no quiere que se sepa que en los territorios ocupados existe la tortura sistemática, las desapariciones y los asesinatos.

-¿Qué motivación le lleva a seguir en esta lucha?

-Ver que los saharauis tienen carné de identidad español y que el tiempo se detuvo para ellos hace mucho tiene un componente romántico; además, darte cuenta de que a nivel jurídico tienen razón en sus demandas te motiva a ayudarles y a que consigan sus objetivos.

-¿Por qué es importante que la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) tenga competencias en materia de derechos humanos?

-Es el organismo que tiene que llevar a cabo el referéndum, pero se está demorando desde hace 24 años. Lo que no puede ser es que las fuerzas de ocupación marroquís sigan torturando y matando a los saharauis, violando a las mujeres y que allí no haya ningún organismo internacional que esté vigilando la situación. La Minurso está dentro, pero no tiene competencias ante los crímenes que se cometen. Se trata de un genocidio, ante el cual el juez Ruz va a intentar sentar en el banquillo a altos cargos marroquís, pero que en Naciones Unidas, Francia, país con derecho a veto y con grandes intereses comerciales y de amistad con Marruecos, impide las acciones.

-¿Cuáles son las medidas concretas que tanto gobiernos nacionales como organismos internacionales pueden tomar para mejorar la situación del pueblo saharaui?

-La vigilancia de los derechos humanos es fundamental, y vamos con retraso en este apartado. Es necesario también que se pongan en marcha rondas de negociaciones y sanciones desde Naciones Unidas a Marruecos, ya que no cumple con la legalidad internacional. España, como potencia administradora, debe adoptar un cambio de postura y abanderar una solución acorde al derecho de autodeterminación que Naciones Unidas reconoce para el pueblo saharaui, que sólo se puede conseguir mediante un referéndum.

-En España, el tema del Sáhara Occidental nos toca de cerca. ¿Cree que es un conflicto conocido en otros países? ¿Convendría darle voz internacional más allá del papel de las instituciones?

-Claro que convendría darle más voz: el pueblo saharaui está siendo olvidado. A nivel internacional, sin embargo, las noticias son algo esperanzadoras. Dentro de la tragedia de que cuanto más tiempo pasa la situación se agrava, cada vez hay más países que se interesan e involucran en el tema del Sáhara: son ya cerca de ochenta los Estados que reconocen la República Árabe Saharaui Democrática como un Estado soberano e independiente.

-¿Qué papel deberían jugar los medios de comunicación en el conflicto?

-Deben exigir a Marruecos que les deje entrar en los territorios ocupados para informar sobre el terreno de la situación de las personas que allí viven. El problema es que los medios se centran en la actualidad informativa, y cuando un conflicto se enquista durante años parece que pierde la atracción mediática. La única exclusiva que se puede contar desde el Sáhara Occidental es que el pueblo resiste. Es imposible que un corresponsal extranjero entre a contar lo que allí sucede sin que tenga a la policía marroquí en el cogote. El compromiso informativo de los periodistas es absolutamente digno, pero desde los grupos de comunicación y los gobiernos se les censura.

-¿Cuáles son los proyectos más inmediatos que tiene CEAS para el Sáhara Occidental?

-Tenemos pronto la doceava edición del Festival Internacional de Cine que tiene como objetivos acercar el cine a la población refugiada, fomentar la escuela de cine en los campamentos y que los participantes extranjeros conozcan de primera mano lo que ocurre en el Sáhara y tengan la oportunidad de contárselo al resto del mundo. Esta edición del festival está dedicada a la justicia universal. Que la gente de la cultura se involucre me parece muy importante. Políticamente, este año se cumplen cuarenta años de la firma de los acuerdos de Madrid, por los cuales España entregó el Sáhara a Marruecos, y vamos a firmar un contra acuerdo implicando a las fuerzas políticas que lo deseen. Además, en verano van a venir miles de niños saharauis a pasar unos meses en España y en noviembre tenemos en Madrid la Conferencia Europea de Apoyo al Pueblo Saharaui.

-¿Cuál es la mayor lección aprendida en todo este tiempo?

-Que el pueblo saharaui tiene tanta dignidad como capacidad de resistencia y que el trato que ellos te dan cuando vas a visitarles deberíamos aprenderlo en Occidente. Tienen una cultura muy arraigada que llevan manteniendo décadas, gracias a la tradición oral, a pesar de las circunstancias tan complicadas que sufren para sobrevivir.

“La prostitución en España se ha convertido en trata de seres humanos y esclavitud sexual”

THRibune | Prostitución

Rocío Nieto, presidenta de APRAMP, ha conseguido sacar a más de 3.000 mujeres de las garras del proxenetismo

Pone en marcha talleres y colabora con la Policía para luchar contra esta grave lacra social y desarticular redes organizadas

Daniel Leguina     Madrid 07/04/15

Rocío Nieto no para ni un segundo. Atiende llamadas, comenta incidencias con sus colaboradoras, recibe visitas y habla y hace indicaciones a las ex prostitutas que trabajan en la oficina-taller que esta enérgica mujer dirige en la calle Ballesta, número 9, de Madrid, en pleno barrio rojo de la capital, una zona con prostitución las 24 horas del día y con todo lo que esto acarrea: conflictos con la Policía, consumo y tráfico de drogas, protestas vecinales…

La palabra rendición no entra en su vocabulario, y desde hace 32 años está al frente, contra viento y marea, de APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), organización pionera en intervención en prostitución que ha conseguido salvar a más de 3.000 mujeres de las garras del proxenetismo en todo este tiempo.

Rocío explica que el perfil de la prostitución ha cambiado mucho en los últimos tiempos: “Antes eran amas de casa que se prostituían de forma puntual, luego pasaron a ser toxicómanas, y desde hace unos trece años la mayoría son inmigrantes enviadas a España por bandas organizadas que les quitan el pasaporte y las utilizan para enriquecerse; esto ya no es prostitución, es trata de seres humanos. Está todo perfectamente organizado: las traen de sus países de origen con falsas promesas de una vida mejor y las obligan a prostituirse en pisos o en clubes donde las tiene vigiladas y encerradas. Son esclavas sexuales”.

APRAMP cuenta con la infraestructura necesaria para la lucha contra la prostitución y las condiciones adecuadas para que estas mujeres comiencen una nueva vida. Por un lado, la asociación ofrece unos talleres textiles y de habilidades sociales para que recuperen su autoestima; y por otro, las propias ex prostitutas colaboran con la Policía para sacar del infierno a sus antiguas compañeras.

Tenemos un centro de acogida en la calle Jardines, con una trabajadora social y una psicóloga donde se les hace una primera valoración y se les explica qué van a recibir de nosotros pero también cuáles son sus obligaciones a partir de ahora; si acceden, se les conduce a un piso donde se duchan y comen, y nos ponemos en contacto con la Policía para que las interroguen e investiguen la red de la que proceden. De esta forma hemos conseguido desarticular varias redes de prostitución”, cuenta Rocío.

Desde la asociación atienden y forman a unas 280 mujeres al día: les dan preservativos y les informan que tienen la posibilidad de ser reconocidas por un médico y a que se normalice su situación en el país: “Son personas con derechos humanos universales como todo el mundo”, aclara Rocío.

Nuestro objetivo es ayudar a esas mujeres que quieren salir de ese mundo y no pueden: prostitución es una cosa, y esclavitud sexual otra muy distinta. Existen mujeres que se prostituyen porque quieren, por ejemplo las de alto standing. Para recuperar el pasaporte están obligadas a pagar un dinero mensualmente, y pueden pasar años hasta que el proxeneta se lo devuelve. Además, las amenazan con hacerles daño a sus familias. Muchas quieren dejar la prostitución, pero lo que más les preocupa es enviar dinero a sus familias, así que gracias a los talleres se forman para conseguir un empleo”, afirma Rocío.

Según esta valiente mujer, “la prostitución es un problema muy grave que en la sociedad española está normalizado, y se debe al machismo cultural que ve a la mujer como un objeto. Es la propia sociedad la que pone a estas mujeres en una situación de indefensión y exclusión. Por ejemplo, cuando van a buscar un trabajo su pasado como prostitutas les cierra muchas puertas ya que la gente piensa que les pueden contagiar alguna enfermedad, a pesar de ser personas muy válidas. En España existe una doble moral, ya que son muchos los clientes sexuales que luego las rechazan en el día a día”.

Para la prevención de esta lacra social, Rocío explica que desde APRAMP colaboran en la formación de agentes de Policía en las comisarías y en la Academia de Ávila “para que se den cuenta que estas mujeres son víctimas y cómo llegan a prostituirse, y se sensibilicen y conciencien antes este grave problema social”.

Religiosos en las trincheras de los Derechos Humanos

THRibune | Religiosos en las trincheras de los DDHH

En la imagen, la religiosa Pepa Torres junto a otras compañeras

Sacerdotes y monjas realizan a diario una importante labor social en las zonas más marginadas de Madrid, como la Cañada Real, foco de droga y criminalidad

Apoyo a mujeres maltratadas, inmigrantes y niños sin escolarizar son algunas de las actividades que desarrollan

Daniel Leguina   Madrid 28/03/15

Exclusión social, inmigración, racismo, dependencia, cárcel, drogadicción, marginalidad. Estas son algunas de las difíciles situaciones que millones de personas sufren a diario en España. Son hombres y mujeres que, coyunturas de la vida, han acabado en lugares y circunstancias que nunca hubieran elegido, son los marginados de la sociedad y los perdedores de la globalización. Sus realidades sociales son muy duras y, tristemente, a ojos de la mayoría de la sociedad son invisibles, a pesar de que todos los días se echan a la calle en busca de un futuro mejor.

Pero no están solos. Son varias las asociaciones y colectivos que tratan de ayudarles a conseguir una vida digna, y entre estos grupos se encuentran algunos religiosos que, desde sus parroquias, dedican todas sus energías a ayudar a los pobres y excluidos sociales. Son hombres y mujeres entregados en cuerpo y alma a auxiliar y proteger a los más necesitados, comprometidos con una labor social tan necesaria como encomiable que llevan a cabo en las zonas más marginadas de Madrid.

Y si existe una zona marginal y degradada en Madrid, ésa es la Cañada Real Galiana. Se trata del ‘supermercado’ de droga más grande de Europa, lugar controlado por los clanes del narcotráfico y ciudad sin ley, donde miles de toxicómanos acuden a diario para buscar su dosis. Un territorio olvidado por las autoridades, con un altísimo índice de criminalidad y donde la vida humana apenas tiene de valor.

En estas circunstancias tan difíciles desarrolla su labor Agustín Rodríguez Teso, párroco de la Iglesia de Santo Domingo de la Calzada, ubicada en La Cañada. Allí afronta como mejor puede, junto con un equipo de colaboradores, las situaciones que van surgiendo en el día a día de unas personas rotas por el consumo de estupefacientes, la pobreza y la exclusión social.

Procuramos facilitar la toma de conciencia de la dignidad personal de cada cual y favorecer y potenciar que cada uno pueda descubrir su propia dignidad y, por otro lado, intentamos crear una dinámica comunitaria en la que entendemos que si no es juntos no vamos a ningún lado. Nuestro objetivo es que se den todas las condiciones necesarias para caminar como una única realidad, esta es la labor de la parroquia en la Cañada Real. La realidad de futuro es necesariamente comunitaria, de lo contrario no es realidad”, aclara Agustín.

Para el caso concreto de los drogodependientes existe un proyecto común, junto con los Hermanos de San Juan de Dios, Cruz Roja y las Hermanas Adoratrices: “Se llama ‘Encuentros con Dignidad’, donde lo principal es dignificar la situación del adicto a través de una acogida y una escucha e intentando facilitar los elementos que le permitan seguir con su proceso hasta dejar el consumo”.

En la cañada, también conocida como poblado de Valdemingómez, viven actualmente unas 11.000 personas, y Agustín y los suyos intentan llegar al mayor número posible de personas necesitadas, aunque las circunstancias de trabajo en un entorno de tanta marginalidad son muy desfavorables.

Tenemos unos 400 expedientes de personas a las que les hemos gestionado algún tipo de ayuda o servicio, pero la idea es llegar a bastantes más. No damos tratamientos, sino que nos ocupamos de la situación previa, bastante más delicada y complicada; es un trabajo de relacionarnos con ellos para posibilitarles que sean protagonistas de sus propias vidas y de su propio proceso de salir del consumo. Nuestro objetivo es que la única relación que tengan con el mundo no sea la droga”, cuenta Agustín.

En el poblado hay en la actualidad unos 6.000 drogadictos, de los que 150 viven permanentemente dentro, en una relación de dependencia total no sólo de la droga, sino de los clanes que la manejan. Son sus esclavos. De estos 150, Agustín ha conseguido entablar relación con unos 85 en el último año, “y unos doce han sido capaces de dejar las drogas e ingresarse en un centro terapéutico”, afirma orgulloso el párroco. Pues doce triunfos, que pueden parecer pocos, pero la realidad es que la enfermedad de la adicción es tan devastadora y poderosa que son poquísimos los que consiguen salir.

Una unidad de la Agencia Antidroga acude diariamente al poblado y se ocupa de los seguimientos médicos, como la dispensación de metadona, y de derivarles a los centros de desintoxicación. De ahí pasan a la reinserción, los que lo consiguen. No obstante, el trabajo de Agustín tiene que ver más con recuperar la dignidad que con la consecución de objetivos. “Nuestro proyecto no es de desintoxicación, es más de centrarse en las realidades de las personas, unas realidades muy rotas, que además generan muchísima violencia alrededor de la parroquia”, aclara.

La iglesia de Valdemingómez cuenta con un servicio de duchas y lavandería, un primer paso para que los toxicómanos vayan encontrando su propia identidad, que se vayan encontrando a sí mismos. “También les ayudamos a reencontrarse con sus familias, algunos llevan años sin verles, y les acompañamos en el proceso”, cuenta Agustín.

Pero dejando a un lado la droga, la problemática de la cañada es mucho más extensa. Otro de los asuntos más urgentes es la baja escolarización de los niños de la zona. “No hay transporte público y los chavales se tiran toda la mañana para ir al colegio, así que los padres no les llevan. Además, no hay acceso al agua y a la luz, el servicio de correos hace más de tres años que no aparece, y el alcantarillado y los viales necesitan un adecentamiento apremiante”, comenta el párroco.

Por otro lado, el Colegio de Odontólogos ha puesto un dispensario bucodental en la iglesia para la prevención e higiene bucal de los niños -“es una gozada verles por allí”, dice Agustín-, y Cáritas, Cruz Roja y el Secretariado Gitano organizan actividades para los más jóvenes. La Fundación Real Madrid también colabora, y se lleva los chavales a jugar al fútbol de vez en cuando.

Lo que más miedo me da –comenta Agustín-, más que la situación de las personas que viven en Valdemingómez, es el morbo que todo esto genera. Mientras sigamos teniendo ese sentido del morbo, iremos repitiendo cañadas; la mayor parte de los medios de comunicación que se dirigen a mí vienen buscando el morbo. El reto de esta sociedad es impedir que situaciones como la de la cañada se sigan repitiendo, pero para eso es necesaria una revolución profunda que debe comenzar en la decencia; la situación de la cañada es una indecencia social, porque todo el mundo ha mirado para otro lado”.

Según Agustín, “hemos entrado en una dinámica absolutamente individualista y necesitamos un cambio de perspectiva; y si no somos capaces de darle a esto un impulso comunitario que nos aglutine y que nos haga funcionar como un pueblo, siempre habrá cañadas, porque siempre va a haber a quien le interese que existan estos lugares marginales y focos de droga y desesperación. Para que esto desaparezca tenemos que trabajarnos todos la decencia. La verdadera transformación de la realidad social, o se da desde abajo o al final será una mentira. Tenemos que dialogar y, sobre todo, vivir y mirarnos con una mirada limpia”.

Cobijo a ex presidiarios y enfermos

Otro sacerdote implicado en cuerpo y alma en la lucha contra la exclusión social es Javier Baeza. Desde su Parroquia de San Carlos Borromeo, en Entrevías, realiza una importante labor de ayuda a personas sin recursos. El perfil de los que acuden a él es muy diverso: menores procedentes de familias disfuncionales y con padres con problemas de consumo de alcohol y drogas, inmigrantes sin papeles, ex presidiarios, personas sin techo, mujeres maltratadas, drogadictos o enfermos de sida.

Nuestra labor es un poco de apagafuegos. No abundan los talleres o un comedor social, sino que vamos dando respuestas a temas personales y, a veces, muy urgentes. Hace poco vino un chaval que no tenía dónde dormir y gracias a una señora de la parroquia le metimos en un hostal muy barato del barrio. Yo tengo nueve personas en mi casa y tenemos otras tres viviendas más para dar cobijo. En lo que se refiere a violencia de género, en ocasiones hemos tenido que mediar e incluso acompañar a alguna mujer a un piso de acogida”, comenta Javier.

Otra de las tareas que Javier desarrolla en su parroquia es el apoyo escolar a los chavales del barrio. También existen grupos de reflexión o la Asociación de Madres contra la Droga, que llevan en Entrevías más de treinta años. Además, desde la iglesia reparten alimentos periódicamente y todas las mañanas llevan desayunos a un poblado de gitanos rumanos que está cerca. Y los domingos, después de la misa, hacen paella para más de cien personas.

Javier afirma que “la crisis económica no nos ha afectado demasiado, porque nunca hemos funcionado con subvenciones públicas, la mayoría de nuestras ayudas proceden de la solidaridad personal; hay muchas personas que aportan cinco o diez euros, y así vamos tirando”. Pero sí muestra indignación por la corrupción: “Nos enfada y molesta cuando viene a pedirnos ayuda una mujer que no tiene para dar de comer a sus hijos y ves como otro sinvergüenza se lo está llevando crudo. La situación actual indigna, sobre todo cuando tienes conocimiento de ver a la gente pasarlo tan mal”.

Para que la exclusión social deje de ser invisible, Javier opina que habría que “articular políticas de servicios sociales más nutridas económicamente y adecuar los recursos que hay a las necesidades de las personas desfavorecidas. Iniciativas para que la gente no tenga la necesidad de robar y de crear más conflicto, personal y colectivo”.

Si estás más de un año en la cárcel tienes derecho a pedir el paro por excarcelación, pero en esta sociedad tan tecnificada, donde por una multa por exceso de velocidad saben hasta qué número de pie usas, curiosamente al que sale de prisión no le dan el paro en dos meses. En este caso, la libertad se puede convertir en un elemento criminógeno, porque muchos de los que salen de prisión lo hacen sin ningún tipo de ayuda ni recurso”, advierte el sacerdote.

Javier Baeza, que hace unos años saltó a la palestra –junto a los también sacerdotes de San Carlos Borromeo Enrique de Castro y Pepe Díaz- por un enfrentamiento con el ex arzobispo de Madrid, Rouco Varela, por no ajustarse a la doctrina de la Iglesia en lo que a la liturgia se refiere –celebra la misa en vaqueros y da la comunión con rosquillas o pan-, aclara que está a favor de que “las mujeres sean ordenadas, el Evangelio no lo prohíbe, y que los homosexuales sean acogidos en la Iglesia: no hay ninguna contradicción en ser gay y cristiano”.

Colaboración y solidaridad

Pepa Torres, monja y teóloga, es otra religiosa comprometida con la lucha social y los derechos humanos. Desempeña su labor en el barrio de Lavapiés, una de las zonas de Madrid con más inmigración y menos recursos sociales. Junto a otra monja y una mujer laica ha creado la Red Interlavapiéspara dar sentido a las vidas de muchas personas y una ciudadanía alternativa a los marginados sociales, más allá de las diferentes religiones o de ninguna”.

En su lucha por la igualdad, Pepa está implicada en grupos de apoyo a personas detenidas por la Ley de Extranjería, “hombres y mujeres indefensos que sólo buscan una vida mejor. Algunos de los que saltaron la valla en agosto llegaron a Madrid en octubre, en unas condiciones lamentables, y nos hemos dedicado a su acogida y defensa legal”.

También participa en colectivos de derechos humanos y sociales, y sostiene que la colaboración y la solidaridad son la base sobre la que se sujeta el humilde barrio madrileño: “Lavapiés sobrevive porque nos ayudamos unos a otros, de lo contrario no podríamos vivir y juntos afrontamos las dificultades que van surgiendo. El problema de este barrio no es la inmigración, sino las leyes tan duras que existen, la infravivienda y la especulación de alquileres”.

La igualdad de la mujer es otro capítulo destacado en la desinteresada tarea diaria de esta religiosa. Junto a la Asociación de Mujeres Territorio Doméstico, Pepa lucha por que las empleadas del hogar salgan de la precariedad económica y su trabajo sea reconocido de una forma justa y ecuánime de una vez por todas. “La ley en este apartado es una miseria”, concluye.

Según esta monja apostólica del Corazón de Jesús, “la gestión económica y política actual favorece la exclusión social. Hace falta un cambio que no se está generando porque no hay recursos. El sistema privatizador y neoliberal perjudica a los más pobres, los bancos son los que más están ganando”.

“Cuando mi psiquiatra intentó abusar sexualmente de mí me refugié en la bebida”

THRibune | Alcoholicos Anonimos

Cristina A. relata sus años de lucha contra el alcoholismo, la soledad y la incomprensión

Gracias a la Asociación de Ex -Alcohólicos Españoles consiguió dejar el consumo y su vida es hoy plena y feliz

Daniel Leguina.   Madrid 13/03/2015

Años de sufrimiento en silencio, de arrastrar los problemas sin ser capaz de hacerles frente, de no reconocer los errores ni los aciertos y de sentirse inútil y frágil ante los seres queridos y la sociedad en general. Este es el cuadro emocional que la ex alcohólica Cristina A. vivió y sufrió, con un intento de por medio de abuso sexual por parte de su propio psiquiatra, hasta que hace algo más de dos años consiguió, de una vez por todas, alejarse de la bebida y comenzar una nueva vida. Concretamente el 26 de enero de 2013, día que puede ser perfectamente el de su segundo nacimiento.

Pero no fue fácil. La impotencia y el sentimiento de abandono eran demasiado fuertes para luchar ella sola contra viento y marea, y la indefensión un obstáculo insalvable que sólo el alcohol era capaz de evadir. El intento de su psiquiatra, en el 2008, de abusar sexualmente de ella fue una bomba emocional que no pudo gestionar adecuadamente, y entró de lleno en una espiral de autodestrucción que la dejó sola e indefensa.

En lugar de denunciarlo empecé a beber después de un periodo de abstinencia, y a partir de ahí cada vez que tenía una situación emocional brusca me refugiaba en la bebida. Llegué a pensar que estaba loca. Llevaba ocho años confiándole mi vida y cuando intentó abusar de mí me enfadé muchísimo conmigo por no saber reaccionar. Aquel día, hasta pagué la consulta”, recuerda Cristina.

Por otro lado, y como las desgracias nunca vienen solas, Cristina volvió con su marido, del que se había divorciado tiempo antes, y empezó a beber a diario. Quizás el no poder afrontar la soledad, quizás la necesidad de sentirse valorada y querida, quizás la ilusión por recuperar una vida anterior, el caso es que restablecer la relación con su ex fue la gota que colmó el vaso de la desesperación.

Tenía la autoestima por los suelos –rememora Cristina-, no quería vivir ni afrontar mis problemas. No era consciente de lo que me pasaba y quería huir de la realidad diaria. Todo eran pensamientos negativos, sobre todo hacia mi ex, me sentía engañada y estafada por él. A él le convenía que yo bebiera, me manipulaba”.

Cristina reconoce que se equivocó: “Al volver a dejar entrar a mi ex marido en mi vida fui en picado. No supe afrontar los problemas. Los dos últimos años de consumo fueron mortales, con un deterioro absoluto, bebía a diario y no quería saber nada de nadie”.

Y en ese desbarajuste emocional llegó otro episodio complicado, aunque fue el que le hizo tocar fondo definitivamente y abrir los ojos de una vez. “Me di cuenta que tenía un problema de alcoholismo una noche que me lié con un hombre al que yo siempre había criticado y despreciado porque le consideraba un borracho. En ese momento fui consciente de mi situación. La mayoría de las mujeres beben en casa y de forma solitaria, a escondidas, pero yo también me bajaba al bar, me daba igual todo, buscaba la compañía de quien fuera para beber”, comenta.

A partir de aquí, después de una caída en picado de años de angustia y padecimiento, llegó la recuperación, la luz al final del túnel, la esperanza y el cambio. Todo lo que de alguna manera había soñado pero que por sí misma nunca había podido conseguir. A través de un especialista al que le mandó su hermana, Cristina conoció la Asociación de Ex-Alcohólicos Españoles, un colectivo sin ánimo de lucro en el que personas con problemas de consumo se ayudan mutuamente para salir del agujero de la bebida.

El sistema es sencillo y huele a apoyo y compañerismo. Se trata de unas reuniones en las que con el simple hecho de ir a contar tus problemas los propios compañeros te aconsejan cómo afrontarlos de una manera tranquila y sin sobresaltos y, sobre todo, sin tener que recurrir a la bebida. Así de simple, pero funciona. La asociación está llena de ejemplos de personas que llevan años sin beber gracias a este tipo de terapia donde el respeto y el cariño son la base de la recuperación, algo que las personas con muchos años de alcoholismo habían perdido por el camino.

Mi vida ahora es totalmente diferente, pero el proceso es lento: hay que cambiar los hábitos, las amistades. Soy feliz, afronto los problemas que me van surgiendo, y lo voy consiguiendo gracias a un trabajo diario. Recibo la ayuda de mis compañeros y he aprendido a controlar las emociones, vengo casi todos los días”, cuenta Cristina.

Esta mujer de 55 años, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología y con dos hijos, reconoce que el alcoholismo “es una enfermedad emocional y en la asociación aprendemos a controlar las emociones. Los alcohólicos somos mentirosos e impulsivos. Las emociones más complicadas para mí son la impulsividad, la soledad y la incomprensión”.

Mi enfermedad me impidió ser feliz durante mucho tiempo, y tardé mucho en reconocer que soy alcohólica. Pero ahora soy capaz de poner pausas en mi vida y tomar decisiones por mí misma, y alejarme de las personas que no me convienen; he aprendido a pensar en mí y respetarme”, afirma Cristina.

Cuando Cristina mira al pasado, admite que “el daño que le hice a mis hijos es lo que más me duele; mi hija me miraba con cara de asco y me repudiaba. Ellos sufrieron de lleno mi enfermedad”. Sin embargo, “ahora me miran y me dicen que he cambiado mucho y que estoy mucho más guapa, que parezco otra, que tengo otra cara”.

Como consejos más importantes, Cristina recomienda asistir a los grupos con mucha regularidad durante el primer año de sobriedad y no pensar demasiado, “pero sí hablar mucho y contar lo que te pasa por dentro, aunque creas que es una tontería; no tomar grandes decisiones y no tener estímulos fuertes. Es duro salir pero es posible dejar de beber y cambiar”.

En la asociación no damos órdenes, sólo consejos. La mayoría de los que permanecen dejan la bebida. Las sugerencias que a mí me dieron al principio ahora yo las comparto con los que llevan menos tiempo. Es bonito ayudar a otros, igual que ellos me ayudan a mí. Aquí he aprendido a ser humilde y he permitido a los demás que me conozcan. Esta terapia no le vendría mal a la mayoría de la gente”, sostiene Cristina.

La organización cuenta con unos 3.000 miembros en la Comunidad de Madrid y tiene reuniones entre semana de 20 a 21.30 horas y sábados y domingos de 12 a 13.30. También hay grupos de terapia para los familiares, que en su mayoría son co-dependientes de los alcohólicos, y mixtos, de familias y alcohólicos juntos.

España sigue sin indemnizar a una víctima de violencia de género cuyo marido asesinó a su hija

THRibune | Daniel Leguina

La ONU falló el pasado julio a favor de la madre tras doce años de lucha

 El Estado alega que no hay base jurídica para asumir la compensación

Daniel Leguina.   Madrid 05/03/2015

Rabia, indignación, impotencia y tristeza. Estas son, por nombrar sólo algunas, las emociones y sentimientos que estos días ocupan el corazón de Ángela González Carreño, madre de una niña de siete años, de nombre Andrea, asesinada en 2003 por su padre maltratador en una visita sin vigilancia autorizada por el juzgado. Todo este dolor se debe a la negativa del Estado español de asumir su responsabilidad en el caso, después de que el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) fallara a favor de esta madre luchadora y condenara a España a indemnizarla.

Este organismo internacional, dependiente de la ONU, estimó el pasado julio que hubo responsabilidad de las autoridades españolas en la muerte de Andrea, derivada de una actuación negligente, después de que Ángela pusiera más de cuarenta denuncias ante el maltrato sistemático, físico y psicológico, que madre e hija sufrían por parte del padre maltratador; peticiones de ayuda ante las que las autoridades, judiciales y policiales, hicieron oídos sordos y permitieron el régimen de visitas sin vigilancia. En una de estas visitas el padre mató a su hija y se suicidó.

Para denunciar su actual situación de indefensión y abandono por parte del Estado español, Ángela convocó recientemente un encuentro con los medios de comunicación y representantes de distintas organizaciones de derechos humanos. También acudieron a la cita Viviana Waisman, presidenta de Women’s Link Worldwide, organización que lucha en los cinco continentes en el campo de activismo legal por el derecho de las mujeres y la igualdad de género y que se ocupa del caso de Ángela, así como Gema Fernández, abogada de dicha institución.

Ángela, en su alocución, denunció que lleva “doce años pidiendo justicia y que me devuelvan la dignidad. España está obligada a reparar y compensar el daño causado y no lo está haciendo. Alegan que ellos no gobernaban cuando ocurrieron los hechos y que ha pasado mucho tiempo”.

Asimismo, advirtió que “los asesinatos por violencia de género siguen siendo invisibles y se olvidan rápido, y a la sociedad no le duele tanto como, por ejemplo, los de carácter terrorista”.

La actuación de la justicia fue negligente en mi caso y para mí ha sido un proceso de doce años muy duros; me cuesta mucho recordarlo porque me derrumbo”, dijo Ángela con la voz entrecortada y a punto de romper a llorar.

Por su parte, la abogada Gema Fernández aclaró que “hasta el momento no tenemos noticias del Ministerio de Justicia, a pesar de la cantidad de escritos que les hemos enviado para que adopte medidas, por respeto a los derechos humanos. El Estado no quiere reconocer un problema estructural y argumenta que no hay base jurídica para asumir la indemnización, pero la realidad es que 20 menores murieron en 2014 en situaciones muy parecidas a la de Andrea”.

Fernández manifestó que “el 97 por ciento de los maltratadores consiguen el régimen de visitas, mientras que la formación relativa a igualdad y violencia de género es nula. Con las modificaciones necesarias morirían menos niños”.

Por otro lado, Viviana Waisman declaró que “no se trata de un asunto de partidos políticos. La situación es límite y el Estado español sigue sin asumir su responsabilidad. Nuestra obligación es intentar por todos los medios que algo así no vuelva a suceder”.

La violencia de género, desde los ojos de un niño

THRibune | Premiere Refugiado

por A. Gómez

La nueva película del director de “Porfirio”, “Tan de repente”  o  “La mirada invisible”, es un impactante y original alegato contra la violencia de género, contra la que lucha de forma enérgica la asociación Tribune for Human Rights, que colabora con la productora Caramel Films en la difusión de la película.

Refugiado”, del director argentino Diego Lerman, narra la huida desesperada de un niño de 7 años, Matías (Sebastián Molinaro) y de su madre Laura (Julieta Díaz), embarazada de once semanas, tras sufrir el último episodio de violencia de género por parte de  Fabián, el  padre del pequeño.

La primera escena de la película nos muestra a Matías celebrando el cumpleaños con unos amigos. La cámara se detiene en el rostro del niño que mira a sus amigos escondido entre las redes de un juego de bolas, refugio del que parece no querer salir. Esa imagen nos pone ya sobre aviso de lo que vendrá después. Cuando termina el cumpleaños y su  madre no va a recogerlo ni responde al teléfono, la organizadora de la fiesta infantil lo lleva a casa y se encuentra a Laura en el suelo, rodeada de cristales, y con signos evidentes en su cuerpo de haber recibido una brutal paliza.

A partir de ahí, comienza el incierto e inquietante periplo de los dos protagonistas, el mismo en que se ven inmersas la mayoría de víctimas de malos tratos: comisarías, cambios de centros de acogida o refugios, soledad, dolor, ruptura de la vida personal y laboral. Huir física y psicológicamente del maltratador se convierte en el único objetivo vital para madre e hijo, unidos y autoprotegidos por un fuerte vínculo afectivo.

Matías es la otra la víctima de la violencia doméstica y desde su profunda e inocente mirada infantil seguimos la historia: se ve despojado de su casa, sus juguetes, sus amigos, su colegio, su entorno. Sufre las consecuencias de  la desintegración de su núcleo familiar. De la mano de su madre  camina hacia  un futuro incierto. Pasa noches en inhóspitos hostales y hasta en un prostíbulo en la búsqueda de un sitio seguro donde se sientan protegidos, y que finalmente encuentran en la casa que la abuela de Matías tiene escondida entre los brazos de un río.

La película muestra, sobre todo, la huella que deja la violencia en los personajes principales. Especialmente, en un niño de siete años que percibe todo lo que le rodea desde un punto de vista ingenuo, sin prejuicios, a partir del cual construye su propia visión de lo que sucede a su alrededor.

En el deambular por las calles de Laura y Matías, una vertiginosa cámara puesta a la altura del pequeño y que llega a marear al espectador, transmite perfectamente la visión infantil, la incertidumbre en que viven madre e hijo y el riesgo de que el psicópata-golpeador aparezca en cualquier momento. Matías está del lado de su madre, lo refleja la ternura y candidez de su mirada hacia ella,  y es consciente de que el padre le hace daño, pero no llega a entender ni a juzgar más allá.

El tema está tratado con una gran sutileza. Se evitan escenas explícitas de violencia y deja intencionadamente fuera del objetivo de la cámara al maltratador, cuyo rostro no llegamos a ver en ningún momento. Sólo oímos su voz a través del teléfono y vemos parte de su cuerpo de forma desenfocada. También se eluden reproches directos a él salvo el de una compañera de trabajo de Laura que le avisa del peligro de que vuelva a su puesto de trabajo porque el “tarado” – que ha sido capaz de golpear a una embarazada y decirle luego que la ama-, la ha ido a buscar allí.

Pero transmite desde el primer momento el miedo, el horror y desorientación en que quedan atrapados los dos protagonistas desde el momento en que empieza su viaje-huida. La interpretación de los protagonistas es encomiable, especialmente la naturalidad y mesura del  jovencísimo actor Sebastián Molinaro, guiado por la veterana Julieta Díaz. De forma intencionada, el director  muestra algún elemento desenfocado entre los personajes y la cámara. Dos recursos, el fuera de campo y las texturas focales con las que tanto gusta trabajar a Lerman, reflejan la percepción del niño de lo que está viviendo.

La película ha sido declarada de interés cultural y llega a las carteleras madrileñas tras competir en los festivales de Biarritz, Cannes y San Sebastián.

Algo va mal

Cruz Sánchez de Lara Sorzano

THRibune | Cruz Sanchez de Lara

Un día, un pensamiento te ronda la cabeza. Piensas que es tuyo y no sabes ver que se ha formulado y reformulado a lo largo de la historia de miles de formas. Adam Smith publicó, ya en 1759, The theory of moral sentiments, opúsculo en el que explicaba que “la gran masa de la humanidad está formada por admiradores y adoradores, y, lo que parece más extraordinario, con mucha frecuencia por admiradores y adoradores desinteresados de la riqueza y la grandeza. Esta disposición a admirar, y casi a idolatrar, a los ricos y a los poderosos, y a despreciar, como mínimo a las personas pobres y de condición humilde (…) (es) la principal y más extendida causa de la corrupción de nuestros sentimientos morales”.

Y quizás eso, dicho de otra forma, fue lo que estaba pensando, cuando leí una referencia al Discurso de la Felicidad, de Madame du Châtelet, que murió apenas diez años antes de la publicación de la obra de Smith. La primera mitad del Siglo de las Luces fue el tiempo de esta mujer que ansiaba ser libre y que sentía que el hecho de ser mujer, la relegaba de muchas de las cosas que le gustaría hacer. Era una matemática y física francesa, traductora de Newton y amante de Voltaire. Escribió Emile de Châtelet: “Quien dice sabio dice feliz, al menos en mi diccionario (…). El amor al estudio es de todas las pasiones la que más contribuye a nuestra felicidad, en el amor al estudio se encuentra encerrada una pasión a la que nunca son totalmente ajenas las almas elevadas, la de gloria: diríamos incluso que esta es la manera de adquirirla para la mitad del mundo y es a la otra mitad a la que la educación deja sin medios, impidiendo su goce”.

Una mujer de la aristocracia francesa del siglo XVIII, que teniendo a su alcance ambas cosas: dinero y conocimiento, en su concepto de felicidad se definía perfectamente. Ella admiraba y necesitaba el conocimiento como fuente de la satisfacción, buscando la placidez en su interior y no en los signos externos a los que se refería Smith, cuando hablaba de los ídolos construidos por la masa sobre la base de la ostentación y la recreación de una idea preconcebida del relativo poder.

Hoy, me convierto en costurera, hilvanando palabras de otras personas. Y es a todas luces inviable que estableciendo mitos y creando ídolos, se pueda llegar a una idea de sociedad igualitaria, porque desde el ideario colectivo se está creando una religión en torno al poder y el dinero, un nuevo culto. Y los cultos sin base son contrarios a quienes pensamos como Emile, que en la sabiduría está el reposo del alma, que las desigualdades provocadas con la creación de ídolos de barro son, al menos, tan dañinas como las ya existentes y que tenemos que luchar contra las últimas evitando las primeras.

Le agradezco a mi amigo Carlos Carnicero que un día dejara sobre una mesa un libro de Tony Judt: Algo va mal. En él, decía que “toda empresa colectiva requiere confianza. Desde los juegos infantiles hasta las instituciones sociales complejas, los seres humanos no podemos trabajar juntos si no dejamos de lado nuestros recelos mutuos. Una persona agarra la cuerda, la otra salta. Una persona agarra la escalera, otra sube ¿Por qué? En parte porque esperamos reciprocidad pero en parte claramente también por una tendencia natural a trabajar en beneficio de todos”.

Un viaje de ida y vuelta

Eva Mª Pradana Suárez

THRibune | Un viaje de ida y vuelta | Eva Pradana

Apenas han conseguido dar unos pequeños pasos, -para ellos, de gigante-, en territorio español, cientos de personas son deportadas a su país de origen, y ello, en el mejor de los casos.

Las fronteras de nuestro país, puerta de entrada a Europa, afrontan la llegada masiva de personas de nacionalidades diversas -o incluso sin ella-, en busca de lo que a su entender sería una vida mejor, el acceso a un continente repleto de oportunidades, el fin a sus días de hambre y esclavitud… lo que no se esperan, es que se les esté esperando con los brazos cerrados.

La práctica de poner a disposición de las autoridades de otro país, -en nuestro caso, el vecino Marruecos-, a las personas interceptadas cruzando de forma ilegal las fronteras de España prescindiendo de todo cauce legal y sin cumplir las garantías internacionalmente reconocidas, vienen a denominarse “expulsiones o devoluciones en caliente”.

De los tres procedimientos; -expulsión, denegación de entrada y devolución-, contemplados en la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, -en adelante, LOEx-, y el Real Decreto 557/2011, de 20 de abril, por el que se aprueba su Reglamento, -en adelante, RLOEx-, se podría decir que las “expulsiones en caliente” no se ajustan a ninguno de ellos.

Las “expulsiones en caliente” NO están sometidas a la previa tramitación del correspondiente expediente administrativo ni existe resolución motivada alguna que valore los hechos constituyentes de infracción. NO son tampoco prohibiciones de entrada en tanto que los extranjeros sometidos a esta “devolución en caliente” ya están en territorio español, por mucho que el Estado haya creado el concepto de “fronteras operativas”, determinadas de forma caprichosa y no ajustada a los tratados internacionales de delimitación de territorios que al efecto legal deberían aplicar. Teniendo además por supuesto que, en su condición de funcionarios públicos del Estado español, y en el ejercicio de las funciones de su cargo, los agentes de las Fuerzas de Seguridad que ejecutan las “devoluciones en caliente”, están -o deberían estar- sometidos en todo momento al cumplimiento de la Constitución y del resto de leyes que rigen en nuestro país, con independencia de si el extranjero sobre el que ejercen tal devolución está dentro o fuera de esas mal definidas “fronteras operativas” y, asimismo, con independencia de por donde hayan entrado al país.

Y finalmente, y pudiendo acogerse este procedimiento al contexto del artículo 58.3.b) LOEx, NO se verifican tampoco, en la mayoría de los casos, los requisitos legales de asistencia jurídica y de intérprete, -en su caso-, exigidas por la ley en el momento de la detención y durante el proceso de emisión de la resolución de devolución por la autoridad correspondiente.

Dejemos de un lado la legislación de nuestro país y hablemos de personas… ¿acaso las autoridades que practican las “devoluciones en caliente”, tienen idea de las razones por las que los extranjeros que llegan a nuestras fronteras deciden jugarse la vida al intentar cruzarlas? ¿se les da la oportunidad de expresar de alguna forma las circunstancias motivadoras de la huida de su país? ¿y si se tratase de menores de edad? ¿o víctimas de explotación sexual? ¿o merecedores de protección bajo la institución del asilo? ¿Debería dárseles el mismo trato o merecen una mayor protección?

Nadie pregunta. Nadie quiere saber y a nadie importa. Las “expulsiones en caliente”, impiden cualquier alegación por parte del expulsado. NO existe tratamiento individualizado de los ciudadanos extranjeros interceptados. En cierto modo, hasta podrían circunscribirse dentro del marco de las expulsiones colectivas antes esta falta de individualización de cada caso. Siendo así, ¿qué sentido tendría una reforma de la actual legislación de extranjería para dar cobertura a las devoluciones en caliente si ni siquiera parece que estén amparadas por la legislación internacional? España como parte de muchos Convenios y Convenciones de protección y defensa de los Derechos Humanos NO puede llevar a cabo prácticas que puedan poner en entredicho ciertos derechos fundamentales y otros muchos reconocidos a nivel internacional y que directamente se ven afectados ante estas prácticas, como viene a ser el derecho de asilo, recogido en la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y en el Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados, y en la normativa de la UE, que también garantiza el pleno ejercicio de este derecho en el art. 18 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Toda persona llegada a nuestro territorio debe ser merecedora de ese derecho de expresión; de tener acceso a una defensa jurídica gratuita que estudie y ampare su causa; de un procedimiento individualizado en base a sus circunstancias personales; derecho a no ser retornado forzosamente a un lugar en que su vida corra peligro… toda persona tiene estos derechos… pero no a todo el mundo se le da la oportunidad de ejercitarlos.

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