Revida

Tuvimos que aprenderlo todo de nuevo, que hay gente que levanta la mano para acariciarte, que se puede llorar de risa, que esconderse es un juego, que para pasar miedo puedes ver una película, que no siempre los mayores mandan, que existen muchas posibles respuestas a las preguntas, que la piel es blanca y lisa, que el silencio no tiene por qué ser triste o qué es eso que los otros llamaban con los ojos soñadores “familia”. Ya digo que, desde que huimos de casa, tuvimos que aprenderlo todo; pero lo cierto es que nos gusta.

por Karla Grimm

La inocencia

“-Mami, ¿por qué te pintas los ojos de morado?”

por Berta

La gran mujer

Aprendí a maquillar sus heridas. Base opaca para difuminar los puñetazos. Pintalabios rojo para ocultar los mordiscos. Antiojeras para disimular el llanto. Pero un día no pude más y obligué a mi madre a mirarse al espejo sin una pizca de maquillaje. Media hora de lágrimas bastó para encontrar al otro lado a la gran mujer que un día fue. En silencio, la vi guardar carmines, sombras y pinceles en una bolsa y tirarlos con desdén a la basura. Ese día dejó a mi padre. Ese día decidió que las dos marcharíamos por la vida con la cara lavada.

por Moonriver

Loción de afeitar

Cuando el niño escuchó el portazo, salió del armario donde se había escondido, tapando los ojos a su osito de peluche para que no se asustara con nada de lo que pudieran encontrar por el camino. Con cuidado, cerró la puerta del cuarto de su madre, como si tuviera miedo de despertarla, y se dirigió al salón a esperar sentado a que llegara alguien. En el pasillo todavía olía a loción de afeitar.

por Osito Boris

THRibune | Finalistas Concurso Microrrelatos